lunes, 2 de marzo de 2009

En este humilde pero no menos significativo acto les quiero contar que hoy a las 14:30 horas mi teléfono sonó y del otro lado mi Profesora de Seminario de Investigación me decía que el trabajo estaba aprobado osea que la materia estaba aprobada, por lo tanto eso significaba una sola cosa... me había recibido...

Por fin... después de unos cuantos años llegué hasta el final y al final estaba lo que fui a buscar... mi titulo de Profesor de Historia.

Hoy es un buen día para empezar a agradecer. Agradecer la grandeza de la gente que me rodea, y de la que me he rodeado. Agradecer a quienes me hicieron tan curioso e irrespetuoso con lo que no se debe, siempre quise saber si se puede. A los que me enseñaron que para sonreír, deben sonreír los que te rodean. Y que en el brillo de sus ojos yo encuentro mi alivio. El que llega puede volver a partir, el que para puede seguir, el que nunca arrancó todavía es tiempo de hacerlo. Agradezco al que me enseñó a preguntar e ir a buscar la respuesta, pero en el otro. A ofrecer de mi lo mejor que tenga, y esperar lo que me puedas dar de ti, y sino retirarme, pero no exigirte. Agradezco al que me dio una oportunidad y al que me dio todas, siempre necesité que me tengan paciencia, ya voy a llegar. Agradezco a quien me da la palabra y a quien me dice que calle. Agradezco a los que me construyeron el camino, porque no tengo ninguna duda, dejaron todo y me enseñaron que la única forma de vivir era que todo quede de este lado, del otro, ¿quién sabe? Agradezco a los que me dejaron crecer, a los que me hicieron crecer y a los que crecieron conmigo.

Me imagino un buen mundo, o un mundito en el que perderme en mis sueños cursis de utopías que se van cumpliendo.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Recuerdos que se renuevan en cada encuentro

Golpe fuerte con aquella parte plana que se forma entre la mitad del empeine y los cinco dedos juntos intentando una paleta. La pelota se eleva recta en el aire alcanzando el cielo. En esa dirección dirigimos nuestras infantiles miradas. En ronda estamos parados siguiendo el recorrido. Sin apresurarnos alguno siente que es suya y se precipita a recibirla con una buena pirueta o solamente repitiendo aquella posición correcta con la intención de que vuelva al vuelo alcanzando el cielo. Hierbas y tabaco acompañan nuestras manos ocupadas. Un vaso de cerveza salpicará inevitablemente si la pelota se acerca. El escenario es verde y el sol naranja. El olor a humo comienza filtrar desde la chimenea, el fuego esta prendido, nos espera un rico asado. Los comensales saben de rituales que no se piensan

miércoles, 23 de julio de 2008

La última

Un miércoles perdido en el año 2008 tuve mi última clase. Antes de irme fui a saludar a mi profesora de Metodología de la enseñanza. Después de darme un beso me entrego un papel doblado... ya fuera del aula lo abrí... esto es lo que decía:

Para recordar y sostener el ejercicio docente...
"... enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene más vital un ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad de un niño o un adulto. Un maestro invade, irrumpe, puede arrasar con el fin de limpiar y reconstruir. Una enseñanza deficiente, una rutina pedagógica, un estilo de instrucción que, concientemente o no, sea cínico en sus metas meramente utilitarias, son destructivas. Arrancan de raíz la esperanza. La mala enseñanza es, casi literalmente asesina y metaforicamente un pecado... Instala en la sensibilidad del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos, el aburrimiento, el gas metano del hastío.

...El maestro se dirige al intelecto, a la imaginación, al sistema nervioso, a la entraña misma de su alumno... un "profe" inspirado toma en sus manos, en una aprehensión psicosomática, radicalmente "totalitaria" el espíritu vivo de sus alumnos. Los peligros y los privilegios no conocen límites..." George Steiner: Lecciones de los maestros.

Buena carrera!! Hasta siempre...

María Teresa Camarda
Gracias... Muchas gracias...

jueves, 14 de febrero de 2008

Sueños

Aventura sistemática de varias caras. Esquizofrenia de los sueños por dispares y complementarios. Un equipo formado entre los cursis, aventureros, desafiantes, comprometidos. Hacedores de proyectos. Un mundo plantado con reglas móviles. Muchas llegadas y una largada, la de mañana. Al mediodía parto a descubrir un continente, a mirar en los ojos de esa gente. Un avión y doce horas de intenso temor que pienso revertir con pastillas. Por ahora solo eso. Recuerdos de sueños incumplidos me acompañan en mi arribo a Madrid. Ansiedad por cumplir un sueño renovado, el abrazo de mi hermano.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Irónico futuro siempre mirado desde el pasado

Hoy el regocijo se encuentra en la lucha, porque la victoria, a ojos vista, queda difusa. En la ironía reto a los que acostumbran vivir sin saber por qué. Hoy nos abandono la causa. Pavadas. Los pocos que lleguen deben velar por los que no tuvieron largada. Evidentemente hay algo que nos separa, y no es la esperanza. Es la actitud de la ilusión, cuya fuerza reside en la insistencia, la negligencia y más que nada, en la tozuda idea de que todo sea verde y lleno de estrellas.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Laurel

I

Prestigio buscaban los de antes. Ahora se había convertido en un oficio más comunacho. En el gremio ya se quejaban, él lo sabía porque a veces trabajaban en equipo, eran pocas, sin embargo hacía unas semanas le había tocado y tuvo oportunidad de juntarse con dos compañeros. Hablaron largo y tendido. No se si llegaban a ser gremio, pero el solo hecho de que lo discutieran muestra un panorama. Laurel estaba dándose una ducha cuando lo llamaron de la oficina y le dijeron que a las tres en Palermo tenía una tarea. Atendió, entre el vapor del baño, su teléfono inalámbrico que reposaba arriba de la toalla que dejaba siempre sobre el inodoro. Salio despacio, se secó con especial hincapié las axilas. Hacía poco había tenido que soportar un hongo que lo tuvo loco por mucho tiempo y la verdad que para el trabajo molestaba, un picazón de improvisto en las axilas podía ser mortal, pero para un objetivo equivocado, y eso si que jamás se lo perdonaría. Ayer había tenido una buena noche entre amigos, había terminado con algo que hacía tiempo lo inquietaba, su relación con Patricia. Desde el verano que no andaban bien. No se peleaban casi nunca, pero entre sus conversaciones la ironía bailaba una pieza larga. Tardó en darse cuenta, la ironía es un arma que rasga pero arde más tarde y por un tiempo prolongado. Después de unos segundos se encontró meditando acerca de la decisión que había tomado. Volvió a la realidad cuando la toalla ya le raspaba de tanto pasársela, poco más y se sacaba lustre. La noche había empezado tranquila, en el bar de Jorge, en medio del nuevo soho de Buenos Aires. Es el más modesto, la verdad que la pegó el negro, antes era un almacén y ahora con un par de milanesas caseritas y unos pancitos condimentados había pasado a formar parte del lugar más progre de la ciudad. Aparte si sos viejo y progre sos dos veces progre. Ayer las cervezas salían como si las sacaran con un aljibe por debajo de la tierra, sin embargo Laurel estuvo medido e intercalaba una pinta con un vaso de agua mineral. Sonreía con los amigos cuando del otro lado del vidrio apareció Patricia. Sin escándalos, lo miró, él sabía a que venía. Se abrazaron fuerte parados sobre la vereda - así no tiene sentido - todavía esas palabras le resonaban. Animarse a decirle adiós, animarse a verla partir. Después volvió a la rueda de cervezas que todavía conservaba entusiasmo por parte de los comensales que respetaron su silencio póstumo. No dijo nada porque cada vez que hablaba de su vida temía que le pregunten por su trabajo. No le daba vergüenza pero parte de su cachet estaba relacionado con su anonimato.

II

Que atrevida esta vieja, pensaba Epifanio, luego de haberse escapado de su constante ataque sexual. La luna llena en el centro del cielo y como si estuviera a la altura de sus ojos le pareció un escape, una brisa de aire fresco, o aún en una metáfora más vulgar, una luz en el camino. Ayer Paula se había dado cuenta de algo. Había quedado mal parado. Esto no podría durar mucho más. Hasta que punto perdería? Epifanio se cuestionaba tanto esto como cada uno de sus cortos pasos. Estaba asustado, muy expectante y con alma inmovilizada de todo lo que cargaba. Quería soltar todo su peso aunque eso tenga consecuencias funestas. Fantaseaba ser liviano. Empezaba a tentar el éxtasis de la caída. Obnubilado por el placer inmediato todo comienza a ser relativo. Sueña con el ruido metálico de la cadena cayendo libremente dentro del aljibe con el balde como trofeo. Paula tenía que entenderlo. De ello dependía su casa. Podía renunciar, pero que mas da, ya había llegado hasta allí. Su jefa solo le pedía unos polvos por semana, y en horario laboral. A Paula la amaba, o no. Pero al fin y al cabo, metido en un embrollo, por querer mantener la paz, su vida había terminado ante los zapatos rojos y lustrados del señor más malo.

La noche del lunes había llegado temprano. Paula lo esperaba sentada en la mesa. Mucho lugar no había, el departamento humilde, que habían conseguido gracias al crédito tenía un ambiente y cocina “grande”. Al menos mas grande que el baño y que el placard. Todavía no habían podido comprar las sillas, unos polvos más y hubiesen llegado. Ya sabía todo, alguien se lo había dicho. Pregunto a Epifanio si imaginaba de lo que era capaz. Estaba enfurecida. Sin embargo Epifanio recordó el sonido de la cadena. Le resulto orgásmico. Al fin se le perdió el balde en el fondo del aljibe. Ese aljibe no sirve más. Así que, ni corto ni perezoso, puso una a una sus remeras y pantalones en un bolso. Agarro un paquete de tic – tac que habían comprado en la caja del súper y sin mirar atrás se despidió rápido sin saber muy bien a donde ir. Siempre fue vago pa` remontarla tan de atrás, mejor empezaba de nuevo. Desde ya, Paula no pensaba lo mismo.

III

A las cuatro quedó marcado el hecho. Palermo fue su último escenario. Una bala atravesó su pecho. ¿Quien y cuanto habrán pagado por tan miserable y cruento atentado? Aquí ya no importa de quien ha sido el disparo.

sábado, 20 de octubre de 2007

Espacio público

Cuando decidí que era tiempo de publicar lo que escribía no se me ocurrió mejor escudo que plantear la duda en la dirección de mi Blog. Me costaba tanto publicar que dejar marcado su condición de cosa pública me pareció la mejor defensa. Sin lugar a dudas este es un espacio para convidar. La idea era poder convidarles y compartir. Hoy me han convidado, a mí, un cuento. Entonces esto de compartir y convidar se va haciendo realidad. Espero que quien quiera compartir en este espacio lo haga y que ante la duda.... lo publique, así como lo hice yo.

Ante el público presente comparto este cuento hermoso que me han convidado. A su autor se lo agradezco.

Bienvenidos sean los confites.

COTIDIANO

Como todos los días, Pablo salía del trabajo con su mochila colgada al hombro derecho camino a la facultad. Como era previsible por ser una tarde de diciembre en Buenos Aires, el asfalto de la avenida marcaba una temperatura cercana a los 42ºC. La primera gota ya había pasado el nivel de las sienes y empezaba a recorrer los pómulos para acomodarse en el cachete. Con el antebrazo de su camisa, Pablo secó su cara y siguió con su andar firme. Para su suerte, ya no se detenía a escuchar las bocinas de los autos, el rugir de los colectivos, los insultos de los conductores, casi tan creativos como los insultos de los caminantes. En sus primeros días de residencia porteña, cuando llegó de su pueblo natal situado a sólo trescientos treinta kilómetros, estos sonidos llamaban realmente su atención.

Al cruzar la plaza, pasó por al lado de unos veinte o treinta manifestantes que reclamaban por algún derecho que creían justo que les otorguen. Se apenó al ver que no eran tenidos en cuenta ni por los supuestos receptores del reclamo, ni siquiera por la misma gente que caminaba por al lado de ellos. Decidió acercarse, aunque sabía que ya no iba a poder llegar a horario a su clase, para internalizarse con el problema y si era posible aportar lo que esté a su alcance. Pero su pena creció cuando uno de los manifestantes no supo explicar por qué estaban gritando y golpeando los bombos. Decidió seguir con su camino.

Cuando al fin llegó a la facultad, luego de un congestionado y sofocante viaje en subte, vio que la puerta estaba ocupada por estudiantes que no permitían el acceso al antiguo edificio. Se detuvo por un instante, pero sin darle demasiada importancia al hecho, siguió en dirección al interior del establecimiento. Dentro de las posibilidades que manejó, jamás pensó que tres de los estudiantes lo iban a empujar por las escaleras hasta la vereda amenazándolo con darle una golpiza si intentaba nuevamente ingresar. Asintió con la cabeza y sin omitir una palabra, dio media vuelta y emprendió el viaje a su casa con un sentimiento de indignación y bronca atravesado en el pecho. Estando sentado en el colectivo creyó que iba a llorar pero se sorprendió al darse cuenta que su frialdad no se lo permitía. Esta sensación era nueva para él, nunca imaginó que este tipo de hechos los iba a poder digerir tan rápidamente.

La casa de Pablo estaba bastante alejada de las zonas céntricas de la ciudad. Debía bajarse al final del recorrido que hacía el colectivo, motivo por el cual se dejaba llevar por los vaivenes del vehículo y comúnmente caía en profundos sueños sin miedo a pasarse de su parada y perderse. Ese día, no fue la excepción. El chofer moviéndolo un poco de los hombros, le dijo en un tono grave: “Pibe, llegamos. Te tenés que bajar”. Habrá sido por lo que acontecía en sus sueños o por lo repetida que era esa situación con exactas palabras de parte del conductor, Pablo le sonrío, realizó un gesto de agradecimiento, se colgó la mochila al hombro y se bajó. Le quedaba caminar las mismas cuatro cuadras de siempre y ya estaría en su casa, a la que tanto disfrutaba arribar.

Llegando a la esquina, luego de saludar a Mario, el dueño del almacén, y a Celia, la famosa abuela de los veintiún gatos, lo interceptaron dos chicos. Uno estaría recorriendo la escuela secundaria; el otro aún se lo podría considerar como una criatura, al que su edad no pasaba el dígito. Sin darle tiempo a entender lo que estaba pasando, los dos niños le gritaron que les dé el dinero que llevaba en el bolsillo. En ese momento se acordó de su madre que siempre le decía “Pablito, nunca estés con la plata justa. Nunca sabés si la vas a necesitar”. Automáticamente, Pablo estiró su mano entregando la mochila acatando el pedido. El mayor de los interceptores la revisó y al ver que sólo había libros, cuadernos y algunas monedas sueltas, sacó un revolver del bolsillo de la campera y le disparó tres tiros en el pecho a Pablo.

Tres días después, un oficinista abre el diario y en la última página de la sección policiales, en la parte inferior derecha, lee un recuadro donde todo lo que decía era: “Martes pasado, adolecente de 21 años muere baleado por dos chicos de 14 y 9 años. Intentan robarle su mochila y como se resiste, le disparan tres tiros en el pecho. Es el séptimo caso en el mes de asesinato por robo en ese mismo barrio.” Mira su reloj y cierra bruscamente el periódico. Estaba llegando tarde a su trabajo.